hace un año…
Diciembre 16, 2008

Sr. Caracol
Hoy la morriña puede conmigo. Me encanta viajar con la mente y hacer balances del pasado, disfrutar del presente y proyectar el futuro.
Ahora, hace un año, Raquel, Coque y yo estábamos inmersos en un viaje de sueños, en un proyecto personal que nos cambió para siempre y a mí, personalmente, me hizo romper con un ritmo frenético de trabajo al cual no quiero volver en la vida.
Esta imagen que os dejo aquí es una de las que jamás olvidaré, no por la fotografía en sí, más bien por lo que suponía despertar cada mañana en Vrsno, aquella aldea eslovena que nos acogió durante cinco días como huéspedes de lujo y nos regaló los despertares más bonitos que uno pueda imaginar.
europa07: tolmin, vrsno, niebla y paz
Diciembre 10, 2007
SR. CARACOL
Descubrir nuevos países donde vivir. Visitar a una vieja amiga. Conocer a una nueva pareja. Visitar el nacimiento del río más bonito que uno pueda imaginar, el Soca. Grabar el sonido de las campanas en lo alto de una montaña. Fotografiar ciervos. Introducirte en decenas de cuevas que fueron búnkers en la Primera Guerra Mundial. Caminar durante horas por un bosque. Ver cementerios de antiguas batallas. Andar entre las nubes y buscar a Coque. Estar por debajo de Oº grados. Recibir regalos. Comer en un buen restaurante. Hacer de canguro. Soñar casas que reconstruir. Coger un buen tronco para hacer un Didjeridoo artesanal. Leer “Bodas de sangre” de Lorca del tirón, una noche de insomnio. Ver películas de Truffaut. Descubrir cientos de nuevos artistas folkies. Soñar con futuros documentales y cosas que contar.
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SRA. CARACOL
Eslovenia es un polo con sabor a árbol. Después del espejismo veraniego en Croacia hemos llegado al invierno navideño casi de golpe. Luces de estas fechas adornan las calles de Ljubjliana mientras los universitarios celebran los últimos exámenes antes de las vacaciones.
Recorremos puestos de comida y regalos mientras nuestros dedos apenas reaccionan al cambio de temperatura. Es hora de enfundarse los gorros y guantes y respirar dentro de la bufanda!!
Cerquita está Tolmin, pequeño pueblo de veraneo, con río turquesa pintado al agua que le acompaña en toda su extensión y se pierde en las montañas, el río Soca.
Más arriba todavía hace más frío y además se esconde Vrsno, el pueblo de la niebla y los árboles misteriosos, de las iglesias de otra época, de los animales en las colinas, de la vida en paz. Amigos nuevos con vidas pacíficas y excursiones al bosque llenan nuestro tiempo ahora. Con este frío da miedo inspirar fuerte, parece que se te van a congelar los pulmones! Pero el bosque respira a pesar del hielo y la nieve. Le observamos abrumado, después soleado y también, casi blanqueado cuando al fin llega la nieve. Unas navidades blancas eran todo lo que yo quería!
El aire puro parece visible cuando se van las nubes y después de unos días ya no tememos a los grados bajo cero. Más bosques y colinas de cabañas adorables, y más fotos por la mañana con la bruma hasta perdernos en la más densa. Coque apenas siente sus patitas!
El lugar perfecto para vivir en tranquilidad es este, sin duda. Por eso nos da pena separarnos de él, decir adiós a Tania, Zoran, Tadej, Tamara, Thomas y al pequeño Liam… Esta vez sí sabemos seguro que volveremos!
europa07: ljubjlana, estudiantes, navidad y salchichas
Diciembre 4, 2007
SR. CARACOL
Al final, después de visitar tantos países, pueblos y ciudades, uno aprende a distinguir los tamaños y calidad de los lugares. Se puede medir por la cantidad de concesionarios de coches que hay y sus dimensiones; por las gasolineras y sus surtidores; por las señales de tráfico y los anuncios de hoteles; la cantidad de carriles que hay para entrar y el tráfico en hora punta; el tamaño de la tienda Vodafone… y Ljubljana parece grande y recuperada de las miserias de hace una década. Hace dos años, cuando pasé por aquí tenían su propia moneda, ahora están estrenando el euro y adaptándose a él como nosotros hace unos años.
Buscamos un camping, ya que en las ciudades es imposible aparcar y tampoco es seguro. Encontramos uno después de dar vueltas. Lo bueno que tiene perderse es que descubres un poco la ciudad, lo aprendí de mi padre, siempre que se pierde dice que está haciendo turismo. Nos vamos a dormir pronto, mañana tenemos cita con el señor reparador de calderas para que nos solucione uno de nuestros grandes problemas de la semana.
Hace frío, el termómetro marca diez bajo cero, o lo que es lo mismo “un frío que pela”. El edredón no es suficiente y las peleas y empujoncitos por sobrevivir son la constante de la noche. El único que está calentito es Coque que tiene dos mantas para el solito.
La búsqueda del taller para la caldera es desquiciante. En la dirección que marca la garantía, donde se supone que nos están esperando, aparece un viejo taller cerrado. No parece un lugar de autocaravanas. Es un pequeño lugar donde reparan aires acondicionados. Insisto en dar golpes en la puerta pero no aparece nadie. Al final, del bar de al lado sale una señora que me dice que pase a su localcito. Y allí, al fondo del tugurio, un señor con un mono de mecánico está bebiendo copas con sus colegas a las 12 de la mañana. Me pongo pesado, porque lo puedo ser, y mucho, cuando quiero (bueno, cuando no quiero también) y al final se digna a hablar conmigo, en italiano, claro. Me dice que está advertido de mi problema desde la central alemana, pero que vaya a otro sitio. Lo agradezco, en parte.
Al final, después de dedicar todo el día e insistir mucho, en la otra punta de la ciudad un mecánico nos desmonta entera la calefacción y nos la repara. La supuesta razón de la avería es la mala calidad del gas albanés. Dudoso, como su taller.
Raquel no está muy fina, pero la consigo convencer para ir al centro a hacer un poco de vida callejera. Desde que salimos de Tarifa no hemos dado un solo paseo nocturno por una ciudad, y aunque nos tira más lo rural, a veces un poco de cosmopolitismo apetece.
Ljubljana, a parte de ser impronunciable, es una ciudad que alberga más de 35.000 estudiantes. A Raquel le recuerda a su época de proyecto de abogado en Salamanca, y a mí no me recuerda a nada. Mi vida universitaria no estuvo acompañada de ambiente nocturno.
Parece que de golpe ha venido la Navidad. Decenas de puestecitos con adornos navideños y comida tradicional invaden el centro, iluminado de forma suficientemente creativa como para no parecer hortera. Nos perdemos por las calles, comemos productos tradicionales, y nos damos por vencidos a las diez. Nuestro conato de actividad nocturna desaparece demasiado pronto, estamos mayores.
Al llegar a casa, el calor de la pequeña estancia que hace de comedor-cocina-sala de estar-despacho-habitación… nos alegra. La caldera funciona y la noche será perfecta, una vez más.






















