filloas en Baiona

Marzo 8, 2009

Sr. Caracol
El domingo por la tarde nos demostramos una vez más que a veces, cerca de casa, tenemos lugares y actividades interesantes de las que disfrutar. En Baiona se celebra cada año la “Arribada” en la que se conmemora la llegada de la carabela “La Pinta” a su puerto para dar la noticia del “descubrimento” de América. La ciudad se convierte en un gran mercado medieval, y uno de los rincones en los que la Sra. Caracol y yo pasamos un rato fue delante del puesto de “filloas” una especie de crepes de estas tierras. Nos quedamos un rato escogiendo potes de mermelada casera y charlando con el chef, capaz de freirlas de 12 en 12. Todo un arte!


miniescapada a Noia

Marzo 7, 2009

Sr. Caracol
Este fin de semana hemos hecho dos pequeñas escapadas. El sábado, hemos pasado el día en Noia, cerca de donde Raquel tenía que contar cuentos. Perdidos por culpa del GPS hemos aparecido en un pazo donde el guarda nos ha recibido con simpatía…

Mi primer viaje

Enero 17, 2009


Sr. Caracol
Según la Wikipedia, “Viaje es el cambio en la ubicación de las personas que se realiza a través de los medios de transporte”. Demasiado reduccionista, ¿no? Si recordamos cualquier viaje, seguramente, el medio de transporte condicionó mucho la experiencia, pero no lo es todo. El viaje es mucho más, y el primero siempre lo recordaremos. ¿Cuál fue vuestro primer viaje?
Yo, toda la vida he recordado una secuencia detrás de una casa de aldea gallega, jugando con un primo lejano. Siempre he creído que era fruto de mi imaginación, o que había ido construyendo imágenes a partir de detalles y anécdotas contadas en casa, sobre aquella família lejana que vivía en Tui.
Hoy, removiendo fotos de papel, ha aparecido una con un texto escrito por mi madre en la parte de atrás: “Tui, Galicia, 1978″. He tenido un batido de recuerdos y he sido capaz de viajar a aquel lugar y saber que todos los recuerdos que tenía son ciertos.
Ahora, el destino ha querido que viva a tan solo unos minutos de distancia de aquel lugar. Ahora, mi casa, mi familia, mis más recientes recuerdos se crean aquí, en esta tierra que antes era lejana, y que ahora me ha acogido como a un niño.

ancares con nieve

Diciembre 30, 2008


Sr. Caracol
Ultimamente es norma de la familia caracol, cada vez que salimos a contar un cuento, tomarnos un o dos días de vacaciones. No penséis que es por lo estressante del oficio, más bien es por aprovechar la salida, la gasolina y el palizón de kilometros que algunas veces hay que meterse. Esta vez toca Principito, una vez más, en el Museo Provincial de Lugo, así que ir a conocer los Ancares no es una mala propuesta.
El Sábado al mediodía salimos de Lugo con destino Quintela de Balboa, una pequeña población leonesa en la que nos esperan familiares lejanos. El camino es atractivo y sinuoso. Nieve, ramas rotas por el viento y curvas cerradas, por las que la auto casi no cabe, son una constante en el viaje a este remoto lugar donde lo lejano se hace próximo. Nos reciben con una cena perfecta para reponer fuerzas. Antes de dormir visitamos un par de pallozas y un molino convertidos en bares cálidos donde se reúnen cazadores, agricultores y jóvenes de la zona para entrar en calor y conversar.
El sueño atrasado y la armonía del lugar nos hacen dormir 12 horas! La auto sale como puede del hielo acumulado durante la noche y pone rumbo a Piornedo. Tardamos varias horas en llegar, debido al mal estado de las carreteras y las paradas que hacemos: ahora a espiar unas ardillas que se esconden en los árboles; ahora unas vacas en medio del camino; ahora un riachuelo donde coger agua…
Piornedo, seguramente, es el lugar más visitado para ver las pallozas, estas viviendas milenarias en las que vivían juntas varias generaciones, con sus animales incluídos. El calor del ganado ayudaba a sobrevivir los fríos inviernos en estas curiosas casas absolutamente perdidas en las montañas, que tienen mucho que ver con las aldeas galas de los cuentos de Astérix. Con sorpresa descubrimos que han sido utilizadas como morada hasta los años setenta, cuando la construcción de carreteras puso fin al aislamiento de esta zona profunda.





caracol titiritero

Noviembre 22, 2008

SR. Caracol
“De aldea en aldea, el viento lo lleva, siguiendo el sendero, su patria es el mundo, como un vagabundo va el titiritero” decía el maestro Serrat en una de sus canciones. Así hemos pasado los últimos cuatro días Raquel, Coque y yo. Hemos recorrido Galicia, de Vigo a Santiago, de la Coruña a Lugo, de Orense a Pontevedra contando cuentos a los niños. Bueno, la que contaba cuentos era Raquel, yo no tengo esa facultad… yo hacía de chofer encantado y espectador a ratos.
Por suerte, vivimos otros tiempos, y el titiritero de Joan Manuel pasaba frío y dormía en su viejo coche, tampoco parecía feliz. Ayer, última jornada de nuestra intensiva “contada”,  vivimos por un momento la época del protagonista de la canción. Al caer la noche, nos desviamos por una vieja carretera que no llevaba a ningún sitio en particular. La carretera era estrecha y llena de preciosos árboles que aparecían y se escondían de nuevo ayudados por las luces de la auto. Encontramos reposo en una pequeña aldea, Fonteo. Hoy, al despertar, hemos descubierto la belleza y autenticidad del lugar. Una aldea, con su única calle sin asfaltar, y con olor a estiercol, animales y comida casera. Durante horas hemos paseado y hablado con los vecinos. Elio nos cuenta de sus hijos, que no quieren saber nada del campo y se marcharon hace tiempo a la ciudad. Antonio nos habla de la finca del “Catalán” que no podemos perdernos por bonita. Josefa nos lleva a ver su viejo horno, sus berzas y gallinas. A escasos metros, un señor nos conduce, casi sin querer, a un enorme cerdo. No me da tiempo de avisar a Raquel, así que acaba siendo testigo de “la matanza”.
Antonio y Elio se dejan fotografiar, pero la amiga Josefa me dice que no, que es una mujer casada y que no puede enseñarse por ahí. Por un momento, creo estar en una aldea de Marruecos, pero no, estoy a 200 km de casa, en un lugar, que por suerte aún no se ha contaminado.
“Canta su romanza, al son de una danza, híbrida y extraña, para que el aldeano le llene la mano con lo poco que haya” sigue la canción, y así, salimos de Fonteo con la sensación de haber aprendido cantidad de cosas de esta gente que tanto puede enseñarnos.
El camino de vuelta a casa lo hacemos despacito y recorriendo los lugares que anoche parecían tenebrosos. El Bosque de A Marronda es uno de los lugares más bonitos que he visto de España. Está en el concello de Baleira, a una hora de Lugo. Quien se acerque por estas tierras podrá ver uno de los hayedos más importantes de Europa, el nacimiento del Eo, cantidad de horreos espectaculares, castros celtas, pallozas, el antiguo Camino de Santiago y sobre todo, aire puro de aldea.

Chauvinismo celta

Noviembre 16, 2008


SRA. Caracol

Muchas veces he oído a algunos gallegos decir que vivimos en uno de los lugares más bonitos de la península, y esto te lo dicen sin apearse del ordenador ni un minuto, ni dejar el asfalto por un segundo. Por eso, éste cómodo chauvinismo me da un poco de lástima.

Porque siendo gallega y habiendo vivido en Galicia unos 20 años, todavía hoy descubro una Galicia nueva cada vez que nos escapamos unos días a recorrerla. Aunque solo sea el fin de semana, la sensación de foránea en tu propia tierra y la desconexión de mi entorno rutinario, nos hace regresar el Domingo más que cargados para enfrentarnos a la rutina semanal.

Y es que Galicia, efectivamente, es muy bonita y también bastante grande, llenita de recovecos nuevos y huequitos encantados. Leyendas donde menos te lo esperas que te amedrentan con serpientes paganas o demonios roba-niños. Restos celtas de otras civilizaciones, dólmenes en cuarentena y faros encalados en el principio mismo de la ignominiosa Costa da Morte. Malpica só en Galego, como hace siglos, y deliciosa gheada en el acento del campo. Mar por todas partes, ahora a la derecha, ahora a la izquierda… porque en Galicia, nunca sabes las vueltas que has dado. El sol generoso, a pesar de la mala fama de estas tierras, aunque prematuro en su ocaso… y es que ya casi estamos en invierno!

Un millón de sitios que oler antes de volver el lunes al trabajo, a tan sólo ciento y pico kilómetros, el tiempo que tardas en ver una tediosa película de sobremesa el Sábado o a unos pseudoperiodistas del salseo colorado farfullar mamarracheces el Domingo. Esto es lo que nos separa del conocimiento de nuestra tierra, esto y las ganas claro…que siempre será más cómodo decir orgullosos lo de “Galicia es preciosa” en el cafetito de la oficina, que salir a comprobarlo…




Sr. Caracol

Me he olvidado el teléfono en el Mini, y el coche está en el taller. Es fin de semana, así que no lo podré recuperar hasta dentro de 3 días, pero no me importa, estoy subido en un barco que me lleva a las Islas Cies, no quiero teléfonos ni ordenadores. Mi única compañía: una tienda de campaña, cámara de fotos y la Sra. Caracol. ¿Qué más puedo necesitar para pasar unos días en la supuestamente “mejor playa del mundo” (según “The Guardian”)?

La llegada a la Isla de en medio no es tan “salvaje” como imaginaba: un restaurante da la bienvenida a las 2000 personas que pueden pisar el lugar cada día (es Parque Nacional). Un pequeño paseo nos lleva hasta el único camping y lugar obligado si quieres pernoctar. Hay un puñado de tiendas debajo de los árboles y encontramos un sitio perfecto junto al lago de agua salada que se forma en el centro de la Isla. Cientos de gaviotas son la banda sonora que nos acompañará durante nuestra pequeña estancia en el paraíso playero. Me divierto viendo más de una pareja montando sus tiendas como nosotros. Todos vamos armados con los últimos modelos 2 seconds, 3 seconds… de “Quechua”. Es curioso ver como la globalización ha llegado hasta este pequeño rincón del Atlántico. A nuestro lado, dos enamorados discuten con el manual de instrucciones de la tienda de campaña: “montaje en 2 segundos”. Pero éste no dice nada del desmontaje, que en su caso se alarga unos 10 minutos, con el consiguiente cabreo con el que los tortolitos dejan la Isla. 

Con dos pareos nos damos un paseo de media hora hasta una de las calas nudistas, aunque tal como nos han informado, “aquí te puedes poner en bolas donde quieras”. El sonido de las olas y la ausencia de niños, niñatos, colchonetas y juegos de pelota nos permiten una siesta de más de una hora después de comer unos bocatas en la arena. Deben ser las 6 de la tarde (no tengo móvil, y Raquel no tiene batería) y decidimos ponernos las chirucas para hacer uno de los 4 recorridos posibles. Son pequeñas excursiones de no más de 5 kilometros y con un desnivel de unos 150 metros, así que en menos de 3 horas hemos recorrido media isla y nos disponemos a ver el sol esconderse. América hoy está más cerca de lo que podamos imaginar. Un aplauso de las 80 personas que nos hemos quedado a dormir pone el broche dorado a la jornada. El último barco se ha marchado y solo algunas parejas de jóvenes pasaremos aquí la noche. Es otra Isla, es otro lugar. Empieza la magia de la noche, las sensaciones auténticas, el cielo estrellado y la vuelta a la adolescencia dentro de una tienda de campaña. Despiste! No he traído linterna!

Son cerca de las 7 de la mañana, el sol está a punto de salir. Soy el único habitante que camina por la Isla y eso me hace sentir especial. Recorro la playa en solitario y juego con las miles de gaviotas que me han despertado. Algunas embarcaciones se mueven al ritmo del mar a pocos metros de la orilla. Un pescador empieza a lanzar las redes mientras los primeros rayos iluminan de nuevo. Pronto llegará un nuevo barco cargado de familias que, aprovechando sus vacaciones al máximo, convertirán de nuevo el lugar en un parque temático. 

Raquel y yo recorremos la otra mitad de la Isla hasta el faro, en una excursión de unas 4 horas, descubriendo rincones impresionantes y vistas al océano que retrato sin cesar. Estoy demasiado acostumbrado al Mediterráneo. 

Me voy de aquí con sensaciones entremezcladas. Quizás sea la mejor playa del mundo por la conjunción de temperatura, color y textura de la arena, limpieza y algún parámetro más, pero creo que mis conclusiones, ordenadas por temas son:

Dormir: se duerme bien, pero creo que si plantamos la tienda de campaña en el jardín de casa y ponemos sonidos de pajaritos de fondo a toda pastilla podemos sentir lo mismo.

La playa: hombre, es bonita, pero si queremos absoluta tranquilidad, la misma temperatura, el mismo color de agua y sobretodo estar absolutamente solos, es mejor ir a cualquier calita perdida de Cangas.

Gastronomía: creo que en mi vida he comido tan mal como en el restaurante que hay nada más llegar a la Isla. Lo que más me sorprendió es ver que la gente no se quejaba. Yo fui a devolver mi empanada de 7 euros. Pero qué porquería es esto! Raquel abandonó los macarrones peores de la historia antes de llegar a la mitad. Os aseguro que en cualquier barcito de la costa gallega te dan de comer muchísimo mejor y más barato.

Treking: hombre, a ver, los paseos son bonitos, pero demasiado prefabricados. Con el rollo de que es Parque Nacional han puesto asfalto y han convertido las excursiones en paseos marítimos de varios kilómetros en los que te prohiben taxativamente salirte y pisar la tierra para no afectar a la flora. No dudo que esté bien, pero claro, motiva poco.

Ecología: con el rollo de reutilizar el agua de los lavabos para el WC y la del WC para regar, y la de regar para lavarte los dientes y la de los dientes para hacer espaguettis y así hasta el infinito, las instalaciones apestan un poco a “aguas grises”. Yo pondría carteles en los WC: “Huele mal, lo sabemos, pero alégrese, estamos ahorrando agua”. Por lo demás, todo bien; absolutamente limpio. Además, la iniciativa de llevarse de nuevo a tierra la bolsa con la basura me parece muy correcta.  

Así que ya veis, os recomiendo ir a las Cíes, como a la Meca, al menos una vez en la vida. 


















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SR. CARACOL

Escapada de despedida gallega. Sí, en dos días salgo hacia Catalunya para pasar allí el verano recorriéndola entera varias veces de gira con Els Pets.
Por no hacer muchos kilometros, decidimos ir cerca de casa, por la provincia de Pontevedra. Tres días de lluvia que no nos impiden visitar castillos medievales, iglesias abandonadas, caballos salvajes, monasterios, castros celtas, bosques llenos de magia después de la tormenta…



ribeira sacra

Mayo 11, 2008

SR. CARACOL

El Principito nos vuelve a llevar de la mano, de viaje por las estrellas. Esta vez la ciudad de Lugo es nuestro destino. Menos exótica que la Isla de la Palma, pero una ciudad con un casco antiguo donde perderse.
El espectáculo infantil como tal, digamos que no fue un gran éxito; y no porque no hubiera niños, o porque no estuvieran atentos. El problema fue que a un minuto de empezar, un jovencito travieso decidió tirar del cable alergadera y me apagó el ordenador, proyector y disco duro externo. Al volver a arrancar el ordenador para empezar el show, el mensaje que aparecía era “Rendering, estimated remain 2 hours”. Que viene a ser algo como, improvisa o haz algo porque esto no funciona”. Así que Raquel, disfrazada de Principito, improvisó unos cuentos y salimos de allí como pudimos.
Y como siempre, en lugar de volver a casa en línea recta, decidimos torcernos un poco y parar a dormir en Monforte de Lemos, una pequeña población con mucho encanto y un área de pernocta muy tranquila al lado del río. Allí descubrimos que  en la zona tienen un plan de desarrollo turístico importante y decidimos recorrer algunas de las aldeas de la llamada Ribeira Sacra. Después de ver algunos de sus monasterios, iglesias y rincones avanzamos por los cañones del Sil, una zona natural increíble, que merece una visita más atenta y sin lluvias que permitan bajar de la auto a estirar un poco las piernas.