Sr. Caracol
Hace algo más de un año descubrí lo apasionante que era tener un blog, y eso fue gracias a la respuesta y los ánimos que recibí desde Madagascar, donde fui a buscar el último ejemplar del libro de “El Principito” para el mayor coleccionista del planeta.
Os presento el trailer del documenta que rodé allí y que está en fase de postproducción. Espero poderlo compartir en breve con vosotros en el FNAC de Barcelona o en la librería Altaïr… y que por fin sepáis como acabó todo.
A todos los que me animábais a seguir con comentarios o mails privados, gracias.

Dirección, producción y fotografía: Alvaro Sanz
Guión: Raquel Galavís, Alvaro Sanz
Banda sonora original: Ainara Legardon
Protagonista: Toni Arbonés

Visita relámpago a México

Octubre 28, 2008

SR. Caracol

Una vez más el mundo del espectáculo me lanza a viajar. Esta vez formo parte del grupo invitado de honor del mayor festival de Iberoamérica, el Cervantino, que se celebra en la ciudad mexicana de Guanajuato en Octubre. Una pequeña embajada cultural representante de Catalunya, con Serrat, Miguel Poveda, Miqui Puig, Marta Carrasco, La Troba Kun-fú o Els Pets nos hemos entregado a la gran fiesta cultural que ha sido este Cervantino. 
Guanajuato es una ciudad colonial con una arquitectura riquísima, como lo fueron sus minas de oro y plata. Cuenta la leyenda que la ciudad era completamente del amarillo metal, pero fue embrujada y convertida en cerros. Cada cien años, una niña aparece en medio de las calles y si alguien consigue cogerla y llevarla hasta uno de los cerros sin mirar atrás, la ciudad volverá a ser de oro. Nadie lo ha conseguido todavía, y a mi me fue imposible encontrar a la niña pues miles de personas paseaban por las calles en los tres días que he pasado allí. Creo que en mi vida he visto tanta gente junta intentando caminar. Aquí, las calles están castigadas por el paso del tiempo, pero limpias como la más moderna de las ciudades europeas, y es que si orinas en la calle o paseas con alcohol acabas en el calabozo. Y uno pensará que es difícil que te pillen, pero no, cada 25 metros una patrulla policial vigila armada hasta los dientes los movimientos de cualquiera que se acerque al festival. Francotiradores en los balcones durante los días que estuvo Serrat y decenas de pickups con adolescentes armados “dan seguridad” al evento en unos tiempos peligrosos en México por las batallas entre narcos. 
Nuestro hotel, el Misión Guanajuato, fue construido sobre una vieja hacienda del siglo XVII y es de estilo colonial. Está ubicado en un lugar absolutamente apartado y tranquilo, así que el descanso está asegurado. Ir al centro histórico en taxi no es ningún problema, al contrario, todo un espectáculo, y es que esta ciudad, Patrimonio de la Humanidad, tiene un sistema curioso de comunicación. En 1883 se inauguró un túnel gigante que atravesaba la urbe. Su razón de ser no era otra que la de protegerla de las enormes inundaciones, así que se decidió que el río sería desviado por el subsuelo. En 1978, un siglo después, el tráfico obligó a crear otros túneles más. De esta manera se ha creado uno de los sellos distintivos de Guanajuato, sus galerías subterráneas por las que te puedes mover en vehículo o caminando, haciendo que las distancias sean más cortas y como mínimo curiosas. 
Pero no creáis que este “metro rural” es el único atractivo. El Jardín de la Unión es un lugar agradable, rodeado de fresnos, que une a los habitantes del lugar y durante el festival es un hervidero de músicos callejeros. Otro de los clásicos es el Callejón del Beso, donde nos contaron su leyenda. Se cuenta que Carmen estaba enamorada de Luis, un minero. El padre de Carmen no aceptó el noviazgo y encerró a su hija, amenazándola con encerrarla en un convento. Luis consiguió mudarse a la casa de enfrente y se vieron a escondidas durante varias semanas. Al enterarse, el padre, la mató, así que la pareja que no se bese bajo los balcones, que están separados por solo unos centímetros, tendrá años de mala suerte. 

El mercado Hidalgo es otro de los clásicos. Nos contaron que estaba pensado para ser una gran estación de tren pero nunca llegó a serlo. En él, cantidad de colores y olores se mezclan, así que pronto me tomo un respiro de nuevo en la calle Juárez, repleta de tiendas y bares. Descanso en uno donde solo sirven cerveza, así que pido hacer una foto a dos pintorescos clientes y salgo en busca de otro lugar. 
Y así paso mis días en Guanajuato, callejeando una y otra vez la ciudad, con y sin compañeros de viaje, fotografiando rincones de historias y leyendas. 
Ah, sí! habíamos venido a trabajar… el concierto fue un éxito absoluto. Más de 5000 personas siguieron lo que se llamó la noche de “Sonidos catalanes” y corearon las canciones de los participantes. Yo me encargué de los visuales, y como todos, de disfrutar de una noche de luz, color y sonrisas desconocidas. 
(Si queréis más, en dzerolog he colgado crónicas casi diarias)




Sra. Caracol

Cerrando el círculo, confirmo la belleza de esta zona de cuento. Garganta con nudo de corbata al comprobar que es tan bonito como la primera vez… o quizás más. Gamas de otoño que pujan por su morada desbancando los verdes estivales. Un desfile de bellezas ocres, amarillas, rojas y naranjas me devuelve sensaciones primigenias,  de cuando el hombre podía oler las estaciones. Una subasta de árboles sublimes para el diafragma del visitante. Mi alma se catapulta a través de mis pupilas y brinca de color en color, cada vez mas cerca del orgasmo cromático. Piel de arena en cada recodo colorado y hambre de libertad en cada nuevo ascenso. Aldeas entre valles que me dicen de plazas medievales donde se vendía pan y acero. Olor a lar antiguo e historia de puchero, emerge de cada chimenea del pasado. Caminatas sanadoras del espíritu en esta campiña de sosiego. Mi corazón tamborilea un ritmo frenético cuando me siento viva en estos campos, cuando el viento me arranca el sombrero y me inunda una carcajada de euforia que rebota en los monolitos del paseo. Días de castillos y grutas, con 150 escalones que se descuelgan hacia el útero de la madre tierra, entre formaciones que se me antojan alienígenas. Cuatro días que parecen cientos. Gargantas del Tarn que cambiaron mi rumbo hace casi dos años. Hoy cerramos un viaje que, hace ya! dos años, fue el inicio del nuestro como círculos concéntricos.

SR. Caracol

La escapada por las Gorges du Tarn va llegando a su fin y decidimos cerrar el círculo que dejamos abierto hace dos años. Esta vez, en lugar de coger la carretera N-106 desde Florac, con dirección a Nimes-Barcelona, decidimos seguir por las Gorges de la Jonte para llegar de nuevo a Millau. Pero no penséis que esto lo vamos a hacer del tirón, no, tardaremos un par de días.
La primera parada es Nîmes-le-vieux, ya en el Causse Méjean, una zona bastante despoblada. El lugar debe ser un paraíso para los geólogos, pues las rocas son su único protagonista, bueno, las rocas y el viento. Su formación se debe a la erosión de las aguas del mar en eras que se alejan demasiado de nuestro tiempo; demasiado como para poder imaginar que algún día aquí nadaban peces libremente. Ahora son los buitres los habitantes de lujo de este mar de rocas que dibujan formas caprichosas. El paseo dura algo más de una hora en este infinito de piedras a 800 metros de altitud. Decidimos regresar, pues no hemos dejado miguitas de pan en el camino y todo nos parece igual. Coque, por suerte, nos hace de guía de vuelta a la autocaravana. 
Tomamos decisiones mientras preparamos un aperitivo aprovechando un sol que había estado escondido toda la mañana. El próximo destino será la Grotte Dargilan, la “cueva rosa”, descubierta en 1880 por un pastor que buscaba la madriguera de un zorro. El lugar es sin duda increíble para los que no tenemos experiencias espeleológicas. La parte superior es un gran agujero donde cabría una iglesia, formada por hundimientos de hace más de 30.000 años; la parte inferior son una especie de pasadizos creados por el paso de un río subterráneo. Se pueden ver sus aguas cristalinas si se bajan los más de 150 metros en dirección al centro de la tierra. Una experiencia para todos los sentidos.
Seguimos el camino por las Gorges hasta llegar de nuevo a Le Rozier. Tan solo son las 5 de la tarde, pero decidimos parar por hoy y dar el viaje por acabado. 
P.D. No hace falta que os diga que es uno de los lugares más recomendados, sobre todo para los Catalanes, que lo tenemos a 4 horas de casa. Perfecto para recorrer en pareja con un coche y tienda de campaña, o si hay un poco más de presupuesto, improvisando en los montones de hoteles y casas rurales que hay por la carretera. Espero vuestros comentarios después de haber visitado estas tierras!

SR. Caracol

La mañana en Sainte Enimie aparece tapada por un manto de niebla que va descubriendo las montañas poco a poco. Los colores se van pintando despacito con la salida de un pequeño rayo de sol entre las espesa capa de nubes. Raquel y yo empezamos a pasear por las calles aún dormidas. El sol aparece y con él las mariposas, los pájaros y algún que otro habitante. A lo lejos, en la montaña, se oye el jaleo de los niños entrando en la escuela. 
Antes de dejar el lugar, compramos un pan exquisito con forma de herradura y unos quesos de cabra. Son las 11, la hora perfecta para hacer un almuerzo y probar estos productos autóctonos  con lomo ibérico de La Vera (Cáceres). 

Sainte Eminie es uno de los enclaves turísticos más importantes de la zona y ofrece cantidad de posibilidades a los viajeros. Nosotros nos decantamos por una que desconocemos bastante, el mundo arqueológico. En el Mont Lozère, que da nombre a toda esta región, se encuentra La Cham des Bondoms, un lugar donde se esconden 150 menhires, 4 dólmenes y más de 30 monumentos funerarios. Pero si os digo la verdad no vale la pena ir a verlo, la decepción es importante. Quizás tenía demasiado reciente el artículo sobre Stonehenge que leí hace un mes, o quizás soy demasiado optimista, pero después de andar durante 4 horas, lo único que ves son algunos menhires de menos de un metro de altura colocados de forma aislada. Preferiría haber visto 12 menhires creando un pequeño monumento que 150 esparcidos en kilometros de un camino pedregoso. Lo que si vale la pena es el paseo por estos campos franceses donde el aire que se respira es puro y la energía que lo impregna todo muy especial.
Abandonamos Bondoms con la intención de llegar a Florac y hacer noche allí. Mañana será otro día; por hoy es suficiente, aunque solo sean las 6 de la tarde. 





Sr. Caracol

Hoy despertamos temprano y me voy con Coque hasta la oficina de turismo a buscar algún mapa de la zona. La gente me saluda por la calle. El sol aún no ha salido. Decidimos ascender a lo alto de una montaña, donde hay una cruz y se intuyen unas vistas de pájaro.

La pista que sube es muy pronunciada y no podemos evitar recordar que hace un año empezamos nuestro viaje de 3 meses por Europa , asi que comparamos el camino con el que nos descubrió algún monasterio en Metéora, Grecia. Cuando faltan unos metros para la cumbre, unos buitres empiezan volar en círculos a nuestro alrededor.

Los restos de un pueblo de otro siglo nos hacen soñar con una vida auténtica en lo alto de esta montaña. Las vistas son realmente increíbles, se ve Le Rozier abajo, en armonía, con sus casas de piedra, y la fusión de las aguas del Tarn y la Jonte.

El último tramo hay que superarlo en una especie de Via Ferrata. Raquel y Coque se quedan sentados y yo subo un poco más, hasta que una escalera de unos 6 metros me frena. Los buitres flotan a mi misma altura, y decido que si ellos no suben más tampoco tengo por qué hacerlo yo, no sea que me convierta en carroña.

Al llegar a la auto nos espera un premio, al que ya no le quedan muchos días de vida: un jamón de bellota que nos regaló Paco para nuestra boda. Y qué bien entra con un vasito de mosto, queso francés y pan con tomate!

Después del aperitivo seguimos nuestro camino y nos encontramos de nuevo con La Sablyere, un pueblo que se funde con las rocas al otro lado del río. Antiguamente a estos pueblos se cruzaba en barca, pero muchos de ellos hoy disponen de una moderna tirolina para pasar mercancías. Entre parada y parada llega la hora de comer y nos detenemos al lado del Tarn en el pueblo de Les Vignes. Es, sin duda, uno de los mejores lugares donde aparcar la auto. Lo tiene todo: árboles que hacen sombra, el agua a menos de 5 metros, un pueblo bonito y tranquilo al otro lado, y sobretodo, la seguridad de que nadie te va a echar de aquí. Raquel y Coque juegan con palos mientras yo preparo el menú del día.

Ya saliendo de Les Vignes, y en dirección a Sainte Enimie, nos encontramos con La Croze, un conjunto de casas con aire de pueblo fantasma, olvidado. Pero tan cuidado que parece que por las noches alguien sale a cortar la hierba y cuidar las flores.

Después de unas cuantas curvas más, alguna otra aldea perdida al otro lado del Tarn y unas cuantas canciones de fondo, llegamos a nuestro destino de hoy: Sainte Enimie, según los entendidos, unos de los lugares más bellos de Francia. La leyenda nos la explica Bertrán de Marsella en un romance del siglo XIII donde narra que Santa Enimia, una princesa merovingea que enfermó de lepra, descubrió un manantial de donde emergían aguas curativas. Cada 6 de octubre sus habitantes celebran una curiosa romería en una ermita que hay en lo alto de la montaña. Por pocos días no coincidimos para verla!

Aparcamos de nuevo junto al río, damos un paseo con Coque, cortamos jamón, vemos una de Bergman… y se hacen las 9, la hora de dormir en este pequeño rincón del mundo.









Ver mapa más grande

Sr. Caracol

Hace casi dos años que viajo acompañado de dos polizones que se han subido a mi casa sobre ruedas y no se quieren bajar. Hace casi dos años que escribí mi primer post en un blog y hablaba de este lugar, las Gorges du Tarn. Lo que no sabía hace dos años es que mi acompañante recién conocida sería hoy mi mujer y que volveríamos aquí en nuestra pequeña honeymoon. 

Es miércoles y salimos de Barcelona lloviendo. En algo más de 3 horas llegamos a Port-Leucate, una pequeña zona costera cerca de Perpignan. Allí decenas de autocaravanas y furgonetas surferas descansan en la costa. 

Nos levantamos temprano y seguimos el viaje dirección a Millau, la ciudad que hace dos años me regaló las mejores crepes de mi vida, la ciudad donde redescubrí a Nick Drake y sobre todo, la ciudad donde empezó todo. Repetimos en “La Creperie” y nos hacemos una foto de familia, esta vez con Coque, que no vino en el primer viaje.

La autocaravana empieza a recorrer las carreteritas que serpentean el río Tarn dirección a su nacimiento en el monte Lozère. 

El paso de los años ha hecho que el agua esculpa un auténtico barranco en este macizo calizo de los Grands Causses y las paredes llegan a tener 500 metros de altura. En las cumbres se pueden descubrir unas mesetas conocidas como “causse” que son unas estepas en las que el viento frío y las rocas surgidas del suelo nos hacen creer en otro planeta. 
Nuestra primera parada es en el castillo de Peyrelade. Un pequeño paseo con una gran pendiente nos lleva hasta sus puertas y allí nos detenemos durante un buen rato a jugar con los colores del otoño: los rojos, ocres, amarillos, naranjas y marrones.

Seguimos hasta Liaucous y allí comemos junto a un prado verde. El sol juega con las nubes pero siempre vence y pone el termómetro a 24 grados. Perfecto para pasear por el pueblo, que, como todos los de esta zona, se presenta absolutamente tranquilo, sin comercios, sin ruido, sin suciedad y sobre todo, sin cemento y homigoneras. 

La jornada acaba en Le Rozier, un lugar estratégico, pues se cruzan varios caminos y rutas. El pueblo es bonito y ofrece al viajero una pequeña oficina de turismo, una panadería y un kiosko, lo justo para salir del paso. Eso sí, horario de invierno, de 8 a 10 de la mañana. Continuará.



marruecos 09: mapa final

Abril 10, 2008

SR. CARACOL
Ya acabado el viaje, os dejo el mapa definitivo de la ruta. En naranja, el trazado realizado; los puntos rojos son paradas interesantes que hicimos, y los recuadros verdes con nombres son lugares de pernocta.

Sr. Caracol
De nuevo la sensación de “final” se apodera de mí. Como nos pasa con las mejores películas, cuando nos encariñamos con los personajes o con los espacios y no deseamos que lleguen a su final. Esta vez los protagonistas hemos sido 4 personas, amigos, novios, hermanos, y seguramente jamás volvamos a encontrarnos, o si lo hacemos será de otra manera, porque este viaje nos ha cambiado.
Volver ha sido rápido, en Marrakech hemos cerrado los ojos y hemos puesto rumbo a Ceuta a toda velocidad. No hemos querido ver la horrible costa pseudo-occidental, no hemos querido irnos con un mal recuerdo de este país que nos ha enseñado tantas caras y tanta autenticidad.
Asilah, un pequeño pueblo costero ha sido nuestra única pausa para dar un paseo de descanso antes de despedirnos hasta la próxima vez. ¿Cuando será? Antes vendrá el Cabo Norte, Mongolia, la Ruta66… estaréis informados.










Sra. Caracol
Hoy he hablado con el hambre. Tenía los ojos oscuros como un pozo de carestía, el cuerpo cansado y encorvado y sus pies asomaban dentro de unos jirones de zapatillas de deportes. Al principio se acercó tímidamente a nuestra burbuja occidental mientras preparábamos nuestra comida. Después de ocho días en este país cientos de personas nos han hecho señas en la carretera pidiéndonos dinero, caramelos, bolígrafos y un sinfín de golosinas occidentales más. Alguna vez hemos podido responderles, pero es imposible parar en cada curva que nos presenta un niño o una madre reclamando. Y no puedo evitar sentirme fatal por viajar en esta especie de nave de los deseos mientras por el retrovisor veo alejarse la figura de una niña de dos años que me saluda con su manita. También ha habido momentos en que hemos encontrado mendigos que nos han engañado, e incluso nos han rechazado Dirhams o un plato de comida en alguna ocasión…en Marruecos nunca sabes a que atenerte…
Pero hoy ha sido distinto, hoy he visto hambre en estos ojos, hambre de días de pastoreo en el árido Atlas Marroquí. Es un hambre que no se calma con el bocadillo o la fruta que le hemos ofrecido. Es un hambre que no entiende de protocolos y que devora cada migaja mientras agradece con los ojos, con la voz, con el alma, y me llama madamme… y se me encoge el alma … y mi hermano revienta después de tantos días de tensión… y me acuerdo entonces de cuando era pequeño y lloraba como un niño ante las injusticias. Igual que hoy.
La rabia, la impotencia, la incomprensión, la necesidad de sentir que puedo hacer algo más que dar una bolsa de comida… una batalla de ideas en mi cabeza y mi garganta prieta, inmóvil,muda… ¿ Qué contestarle a esta famélica cuando mis palabras no alimentan, ni cobijan, ni visten, ni calman la sed…?

- – - – - – - – - – - – - – - – - – - – - – - – - – - – - – - – - – - – - – - – - – - – - – - – - – - – - – - –

Sr. Caracol.
Marruecos, no Marrueco, es plural. Es fácil comprender por qué casi todos los países son singulares y éste es plural. Solo hay que coger un medio de transporte privado, no tiene que ser una autocaravana, y recorrer el Atlas, cruzar de punta a punta este país para darse cuenta que hay varios “Marrueco”. Mi primera vez en este país fue para grabar un videoclip. Pasé 5 días en Marrakech y no salí con la impresión de haber visto nada excepcional. Pero esta vez está siendo distinto. He visto el verde de la Toscana en el norte de Fez; he tocado la arena del desierto; he recorrido poblados rurales sin agua; he pasado de largo ciudades occidentales como Rabat… y hoy he visto el Cañón del Colorado, o lo más parecido que he visto a él. Hoy, una de mis fantasías infantiles de ser un cowboy se han visto satisfechas. Llegar a las Gorges du Todra desde Ar-Rachidia es sentir que dejas las dunas detrás, para cruzar oasis de palmeras y llegar al lejano oeste en menos de una jornada.
Hemos encontrado un buen camping a unos kilometros de Tinerhir, la pequeña ciudad que está a las puertas de las gargantas. Jorge se ha ido a dormir a las 7 de la tarde y los demás nos hemos sentado en una terracita a probar unas brochettes kefta y algunos productos marroquíes. La noche ha sido tranquila y a las 6 de la mañana, Marc y yo hemos ido a grabar unas cuantas imágenes por las gargantas. La carretera deja de ser buena a tan solo 3 km de donde hemos dormido y empieza a ser una auténtica pista que cruza algún que otro pueblo. Cada vez es mayor la sensación de estar dentro de una cueva, las paredes te van rodeando y la autocaravana cada vez es más pequeña en este regalo de la naturaleza.
Hacemos un desayuno rápido cuando el camino es imposible para un medio de transporte que no sea 4×4 y bajamos de nuevo al camping para despertar a Raquel y Jorge y salir hacia las gargantas del Dades, que están a tan solo unos kilometros en dirección Marrakech. 
El trayecto por las Gorges del Dades es quizás más variado que el del Todra. Cantidad de pueblos rojizos al lado de la carretera, antiguas kashbas, piedras caprichosas que llegan a coger formas de cuerpos humanos…
Así poco a poco nos deslizamos hasta un pequeño hotel de carretera donde preparamos una barbacoa, hacemos una serie de fotos un tanto peculiar y descansamos como los niños que somos.